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Libros infantiles
Libros infantiles
La caperucita
En un lejano poblado había una vez una niña que se llamaba Caperucita Roja, un día su mamá le dijo que fuese a casa de su abuelita porque estaba enferma porque le tenía que llevar una cesta con chocolate, azúcar, pan y dulces para que asi se recuperase mas rápido.
Antes de partir, la madre le dijo que llevase mucho cuidado por el bosque y no se entretuviese ya que se encontraba el temible lobo feroz. Un rato después de estar caminando, Caperucita se encontró con el lobo, el cual le preguntó a caperucita dónde iba.
Caperucita le dijo que iba a llevar la cesta a casa de su abuela. En ese momento, el lobo le retó a hacer una carrera por dos caminos distintos. El cogería el camino más largo y le dejaría a ella el más corto para darle ventaja.
Caperucita aceptó y comenzó la carrera. Antes de que Caperucita llegase a la casa de la abuelita, el lobo ya había llegado y se había comido al abuelita. Al entrar caperucita vio a su abuela tumbada en la cama. Fue entonces cuando se acercó a abrazarla y le dijo:
- Abuelita, que ojos más grandes tienes.
- Son para verte mejor.
- Abuelita, que orejas tan grandes tienes.
- Son para oírte mejor.
- Abuelita, abuelita, que nariz tan grande tienes.
- Es para olerte mejor.
- Abuelita, que boca tan grande tienes…
Durante su huida gritaba con el objetivo que alguien la pudiese escuchar para que le ayudase, y así fue ya que por la zona había dos cazadores que se acercaron a ver qué pasaba y al ver lo que ocurría le dispararon al lobo malvado.
Seguidamente sacaron a la abuelita del interior del estómago del lobo y Caperucita se dio cuenta de que nunca más debía desobedecer a su madre pues hay que hacer caso a las personas mayores ya que por su experiencia son mas sabías y siempre nos dicen las cosas por nuestro bien.
hansel y gretel
Erase una vez unos hermanos gemelos llamados Hansel y Gretel, que vivían en una pequeña aldea muy pobre al borde de un bosque. Su familia era la más pobre de todas, tanto que su padre se pasaba los días enteros fuera en el bosque buscando leña para vender en los pueblos cercanos y casi nunca le veían. Por eso Hansel y Gretel siempre querían ir con él al bosque, pero él les repetía: “No podéis venir conmigo, el bosque es muy peligroso”.
Pero aún no hemos hablado de la madre de Hansel y Gretel, que era una mujer malvada que no quería bien a sus dos hijos y solo miraba por el dinero. Tanto es así que un día convenció a su marido, que sí quería a los niños, que les dejase abandonados en el bosque. La malvada bruja que vivía allí le había prometido unas monedas de oro a cambio de los jóvenes gemelos.
Aunque el padre de Hansel y Gretel los quería mucho, le resultaba imposible ir en contra de su esposa, por lo que un día se llevo a Hansel y Gretel al bosque, los cuales estaban muy contentos hasta que de repente se vieron solos en el bosque. Su padre les dijo: “Esperad aquí un momento y volveré en seguida”, pero nunca volvió.
Los niños caminaron y caminaron hasta que de repente vieron a lo lejos una casita. Cuando se acercaron más pudieron ver que estaba toda hecha de chocolate, caramelos, bizcochos y otros dulces. Por supuesto Hansel y Gretel no pudieron resistirse y comenzaron a comer.
La anciana bruja vio que su momento había llegado y salió de la casa para invitar a los niños a tomar cuantos dulces quisieran. Hansel y Gretel aceptaron gustosos pero, al cerrarse la puerta, la anciana mostró su verdadera cara. A Hansel lo encerró en una jaula, donde lo cebaba cada día hasta que se pusiese gordo para poder comérselo. A Gretel la tenía mientras como criada presa con una cadena en su pequeño tobillo.
Un día, cuando la bruja pensó que Hansel ya estaba listo para comérselo, ordenó a Gretel que fuera a ver si el horno estaba suficientemente caliente. Pero Gretel tenía un plan. Le preguntó a la bruja:
– Pero, ¿cómo se hace eso? – haciéndose la tonta.
A lo que la bruja contestó:
– Se hace así, ¡tonta!.
En ese momento la bruja metió la cabeza en el horno y Gretel la empujó dentro. Cerró el horno y mientras oía los gritos de la bruja al hornearse liberó a Hansel y ambos salieron de la casa, no sin antes coger mucho oro, piedras preciosas y dulces que había en casa de la bruja.
Al salir se encontraron con su padre, que les estaba buscando desde hacía semanas y que mientras les estrechaba fuerte les prometió que nunca les abandonaría
Ricitos de oro
Una tarde se fue Ricitos de Oro al bosque y se puso a recoger flores. Cerca de allí había una cabaña muy linda, y como Ricitos de Oro era una niña muy curiosa, se acercó paso a paso hasta la puerta de la casita. Y empujó.
La puerta estaba abierta. Y vio una mesa.
Encima de la mesa había tres tazones con leche y miel. Uno, grande; otro, mediano; y otro, pequeñito. Ricitos de Oro tenía hambre y probó la leche del tazón mayor.
- ¡Uf! ¡Está muy caliente!
Luego probó del tazón mediano.
- ¡Uf! ¡Está muy caliente!
Después probó del tazón pequeñito y le supo tan rica que se la tomó toda, toda.
Había también en la casita tres sillas azules: una silla era grande, otra silla era mediana y otra silla era pequeñita. Ricitos de Oro fue a sentarse en la silla grande, pero ésta era muy alta. Luego fue a sentarse en la silla mediana, pero era muy ancha. Entonces se sentó en la silla pequeña, pero se dejó caer con tanta fuerza que la rompió.
Entró en un cuarto que tenía tres camas. Una era grande; otra era mediana; y otra, pequeñita.
La niña se acostó en la cama grande, pero la encontró muy dura. Luego se acostó en la cama mediana, pero también le pereció dura.
Después se acostó en la cama pequeña. Y ésta la encontró tan de su gusto, que Ricitos de Oro se quedó dormida.
Estando dormida Ricitos de Oro, llegaron los dueños de la casita, que era una familia de Osos, y venían de dar su diario paseo por el bosque mientras se enfriaba la leche.
Uno de los Osos era muy grande, y usaba sombrero, porque era el padre. Otro era mediano y usaba cofia, porque era la madre. El otro era un Osito pequeño y usaba gorrito: un gorrito pequeñín. El Oso grande gritó muy fuerte:
-¡Alguien ha probado mi leche!
El Oso mediano gruñó un poco menos fuerte:
-¡Alguien ha probado mi leche!
El Osito pequeño dijo llorando y con voz suave:
-¡Se han tomado toda mi leche!
Los tres Osos se miraron unos a otros y no sabían qué pensar. Pero el Osito pequeño lloraba tanto que su papá quiso distraerle. Para conseguirlo, le dijo que no hiciera caso, porque ahora iban a sentarse en las tres sillitas de color azul que tenían, una para cada uno.
Se levantaron de la mesa y fueron a la salita donde estaban las sillas.
¿Que ocurrió entonces?
El Oso grande grito muy fuerte:
-¡Alguien ha tocado mi silla!
El Oso mediano gruñó un poco menos fuerte:
-¡Alguien ha tocado mi silla!
El Osito pequeño dijo llorando con voz suave:
-¡Se han sentado en mi silla y la han roto!
Siguieron buscando por la casa y entraron en el cuarto de dormir. El Oso grande dijo:
-¡Alguien se ha acostado en mi cama!
El Oso mediano dijo:
-¡Alguien se ha acostado en mi cama!
Al mirar la cama pequeñita, vieron en ella a Ricitos de Oro, y el Osito pequeño dijo:
-¡Alguien está durmiendo en mi cama!
Se despertó entonces la niña, y al ver a los tres Osos tan enfadados, se asustó tanto que dio un brinco y salió de la cama.
Como estaba abierta una ventana de la casita, saltó por ella Ricitos de Oro, y corrió sin parar por el bosque hasta que encontró el camino de su casa.
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